El Escritor de Guardia: Cumpleaños Feliz

eedgHola lectores!

Aquí tenemos la historia de nuestro escritor de guardia!! Que la disfrutéis!!

Os recuerdo que el tema era Claustrofobia

Y ahora, sé que tenéis muchas ganas de leer el relato!

“Cumpleaños Feliz”

Manu abrió los ojos pero seguía viéndolo todo negro. Estaba todo a oscuras y no conseguía ver nada. Pero eso no era todo, apenas podía moverse, estaba acostado en un lugar muy estrecho, como si fuera un… ¡No podía ser! Respiró profundo, volvió a cerrar los ojos y se centró en bajar las pulsaciones y desacelerar los latidos de su corazón. No llevaba tantos meses de terapia para nada. Poco a poco se fue tranquilizando. “No pasa nada. Tranquilo” Comenzó a recordar todo lo que había aprendido. No había sido nada fácil.

El día que se dejó convencer por Carlos comenzó su nueva vida. Carlos era su mejor amigo, era quien le comprendía, y quien mejor soportaba todas sus rarezas. También era al único que le permitía bromear con su enfermedad. Sí, enfermedad, porque es una enfermedad aunque muchos se reían y se mofaban de él.

Al principio sólo eran unas rarezas excéntricas que achacaban a que al chico no le gustaban mucho las relaciones sociales y prefería estar sólo, pero con el paso del tiempo los síntomas se fueron agravando y llegaron a un punto en que era imposible hacer una vida normal.
Carlos consiguió convencerlo usando el sistema de la apuesta, ya sabéis, te apuesto tanto a que consigo aquello. Fue relativamente sencillo; La apuesta era que si él seguía el tratamiento de un especialista y conseguía estar curado o casi curado para su cumpleaños, podría gastarle la broma que quisiera y tendría que aceptarla. Si no lo conseguía, Carlos le regalaría lo que pidiera. Y él quería la Ps4… así que aceptó; de todos modos iba a salir ganando tanto si ganaba como si perdía.

El mismo día que comenzó el tratamiento se dio cuenta de que posiblemente perdería la apuesta. El doctor era bueno, muy bueno, extraordinariamente bueno, y se percató de ello en el mismo instante en que le dijo que la primera consulta sería en un campo de golf. No os podéis imaginar lo que es un campo de golf para un enfermo de claustrofobia…

Manu era un claustrofóbico modélico, todos los miedos habidos y por haber se unían en él. Al principio, cuando era más joven, no era muy preocupante, no le gustaban los sitios pequeños, estrechos, con mucha gente. Los pubs y discotecas acababan por agobiarle y le causaban un estado de ansiedad que en la mayoría de los casos le obligaba a salir del local.

Poco a poco todo fue yendo a peor. Todo le parecía demasiado pequeño, todo le parecía inseguro. Cada vez que entraba en un local, en una tienda, en el McDonald, en su propia casa, analizaba el recinto y localizaba todas las vías de escape, y en cuanto podía se situaba cerca de las puertas o ventanas.

Tuvo que mudarse a un piso más grande donde el salón era enorme y en el cual prácticamente hacía su vida de diario. Encontró un ático en un sexto piso.

Con mucho empeño consiguió que su jefe le permitiera trabajar desde casa, claro está, previo de un sustancioso recorte en su sueldo.
Poco a poco se fue alejando de sus amigos por no salir de casa. Tampoco le gustaba que fueran a visitarle porque más de dos o tres personas en la misma habitación le agobiaban, le incomodaban, era como si le estuvieran quitando el poco oxigeno que había en la habitación. Y ese oxigeno lo necesitaba él para vivir.

Dejó de ir al cine. En un primer momento sólo iba a ver películas con poco tirón, donde no fueran muchos espectadores, y si se proyectaban en la sala más grande de los multicines. Al poco, ya no podía ir.

Dejó de ir de compras. Las grandes superficies eran viables siempre que fuesen bien extensas, y tenía que ir a primera hora de la mañana, en cuanto abrían, cuando menos clientes había. Acabó dejando de ir, ahora sólo compraba por internet.

Dejó de conducir. El habitáculo del coche era un lugar demasiado pequeño para poder moverse con libertad, y no soportaba la presión que le hacía el cinturón de seguridad en el pecho. A la sétima multa dejó de conducir.
El metro era el mal personificado en un medio de transporte. Para Manu el metro era lo que la serpiente para Adán y Eva. No volvió a acercarse jamás.

Cambió la bañera por una ducha, era lo más parecido a tener un ataúd en casa, y al final tuvo que prescindir hasta de la mampara.
Comenzó a llevar ropa muy ancha porque las costuras le oprimían y pensaba que en cualquier momento le cortarían la circulación de la sangre.
No era capaz de coger el ascensor, por lo que poco a poco fue renunciando a salir al mundo exterior.

Y una tarde fue a visitarlo su amigo Carlos. Y Carlos consiguió hacerle ver que con esa vida no podía continuar, que tenía que hacer algo antes de que fuera demasiado tarde. Y le retó a esa estúpida apuesta. Y él aceptó.

Y gracias a dios que aceptó. Sabía que se había quedado sin Ps4, pero había recuperado su vida, volvía a ser una persona normal paso a paso. A cada sesión notaba la mejoría, hasta el punto de llegar al día anterior de su cumpleaños y el doctor y él estaban juntos en un fotomatón. Sí, habéis leído bien. La última sesión consistía en sacarse una tira de fotos los dos juntos. Y lo hicieron. Y se despidieron.

Carlos había ganado la apuesta, por tanto, en su cumpleaños tendría que prestarse para lo que le tuviera preparado su buen amigo.

Estarían todos sus amigos, y casi todos sus familiares aquel día. Manu no recordaba el último cumpleaños que celebró rodeado de tanta gente. Tocaron a puerta de casa muy temprano. Era Carlos. Venía con una venda de color negro, y Manu comprendió al instante que era para vendarle los ojos. Después sintió como le tapaba la nariz y la boca con un pañuelo y luego ya no recordaba nada hasta que despertó.

Abrió los ojos de nuevo. « ¡Qué cabrón! ¡Era cloroformo!» Estaba bastante tranquilo para saber que estaba encerrado en una especie de cubículo, posiblemente incluso fuera un ataúd, pero no le importaba, se sentía una persona nueva, estaba curado. Notó que llevaba algo en el bolsillo del pantalón. Lo sacó con algo de esfuerzo y comenzó a tocarlo con su mano intentando averiguar qué era. Era algo rectangular, pequeño, y parecía tener un pequeño botón. Apretó el botón y se oyó un sonido estridente, y acto seguido surgió la voz de Carlos. Je,je, era una grabadora.

«Hola, Manu. Por si aún no has adivinado dónde estás, yo te lo diré. Aunque no te lo creas, estás dentro de un ataúd. Sí, así es. Sólo es una broma, pero quería que supieras lo importante que eres para mí y lo seguro que estaba de que conseguirías curarte. ¿Quién te iba a decir a ti que a día de hoy estarías dentro de un ataúd, verdad? ¿eh? No te preocupes, he ido a recoger tu regalo, y sí, es la Ps4… y enseguida te recojo. Eres muy grande, Manu…»

La sensación de felicidad y agradecimiento que invadió a Manu le hizo sonreír y desear abrazar a su amigo. Le había curado y le había regalado la Ps4. Un gran final.

El ático estaba lleno de gente aquella noche. Carlos los había congregado a todos allí, tan sólo les había dicho que le había preparado una bromita a Manu, y que iban a flipar con la sorpresa. No dijo nada más. Todos esperaban ansiosos.
El teléfono sonó. Descolgó Pili.
El rostro le cambió cuando escuchó que Carlos acababa de tener un accidente de coche y estaba en el hospital en coma inducido…

≋≋≋≋  The End  ≋≋≋≋

  7 comments for “El Escritor de Guardia: Cumpleaños Feliz

  1. 7 abril, 2014 at 12:55 pm

    Ostraaaaaaaaaaaaaaas qué fuerte, madre mía… Mi mejor amiga era claustrofóbica con terapia pudo curarse, pero es un tema realmente peliagudo.
    Qué final Fran, siempre me pones los pelos de punta 😛

    • 7 abril, 2014 at 1:29 pm

      Muchas gracias, Sary…!!! La verdad es que es un trastorno super chungo…

  2. rivezen
    7 abril, 2014 at 8:00 pm

    Tal vez todos en alguna ocasión hemos sentido miedo por los espacios pequeños, es un gran alivió pensar el que tiene cura ¿o no ?

    • 8 abril, 2014 at 9:53 am

      En el fondo todos tenemos algo de claustrofóbicos… Yo hay veces que siento que los calcetines me aprietan tanto que al final me los tengo que quitar de la ansiedad que me entra…je,je
      Pero vamos, es una tonteria comparada con los casos extremos, pero al menos hay tratamientos, y suelen funcionar

  3. Saki
    8 abril, 2014 at 5:38 am

    Últimamente me traumas mucho con los finales xD.

    • 8 abril, 2014 at 9:54 am

      ¿Verdaq que sí…? Yo estaba pensando lo mismo… Casi todo lo que escribo no acaba muy bien…je,je
      ¿Seré un psicópata asesino…? :p

  4. Diana
    22 abril, 2014 at 10:50 pm

    Esos finales Fran…. !! son tan geniales^^

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