El Escritor de Guardia: La Puerta Negra

eedgHola lectores!

Aquí tenemos la historia de nuestro escritor de guardia!! Que la disfrutéis!!

Os recuerdo que el tema era Espejos

La Puerta Negra

Otra vez aquel extraño sueño. Ya había perdido la cuenta de las veces que había tenido ese sueño. Cada vez era más asiduo. Lo que comenzó como un sueño que se repetía cada varias semanas pasó a ser el sueño de cada noche. Siempre el mismo, sin ningún sentido.

El sonido del teléfono le sobresaltó. Suspiró profundamente, estaba tan absorto con aquel sueño que el estridente telefonazo le asustó.

– ¡Nena! ¿Puedes cogerlo tú?

– ¡Sí! Ya voy.

Su mujer entró corriendo en la habitación y se abalanzó sobre él. La cara de su esposa irradiaba felicidad, estaba tan contenta como si de una chiquilla se tratara.

– ¿Qué pasa, cariño?

– Era la tía Margarita. Se va de vacaciones a Punta Cana. ¡Una semana!

– ¿Y…?

– Pues que nos deja la llave de su piso para que reguemos sus plantas…

– ¿Y por eso estás así de entusiasmada? Cada día te entiendo menos…

– No, tonto… En el piso tiene las llaves del caserón…

La mirada pícara de su esposa le hizo entrar en razón y pudo comprender la razón de aquel entusiasmo que mostraba su mujer. Tía Margarita poseía un enorme caserón de finales del siglo diecinueve, una casa no muy grande, pero que se asemejaba a un castillo. La joya de la herencia familiar. Y no permitía que nadie visitara aquel lugar, ni tan siquiera a su sobrina, que tanto empeño le ponía a visitar aquella casa.

– No creo que a tu tía le haga gracia…

– Nunca se enterará… Podemos pasar una noche y si dejamos todo tal como lo encontremos, nunca se dará cuenta…

Era tan evidente que la decisión ya estaba tomada por parte de Alejandra que Fran se olvidó de ponerse a discutir con ella y se tapó con las sábanas de nuevo intentando dormir de nuevo.

– Levántate ya, dormilón. Voy a despedir a Tía Margarita al aeropuerto, y que me dé las llaves… Hasta dentro de un rato, cari.

No necesitó ver a su esposa para sentir que salía por la puerta de casa con una sonrisa de oreja a oreja. No es que le entusiasmara la idea de invadir una propiedad privada, pasar una noche en una casa vieja y semi-abandonada, sin televisión, sin internet, sin nada… pero desde que Alejandra se quedó embarazada no era capaz de decirle que no a nada.

Fran se levantó y se dirigió al baño. Se miró al espejo y sonrió al ver la cara de sueño que tenía. Acto seguido se quitó el vendaje que tenía en la espalda, sobre su hombro, y contempló con satisfacción el nuevo tatuaje que se había hecho hacía unos días. El diseño era de su esposa, un bonito árbol de la vida de cuyas ramas brotaban hojas de color verde. Por cada aniversario que cumplían, él añadía una hoja más… y ya iban siete… Y muy pronto podría añadir una flor… La felicidad le invadía un día tras otro. 

Al día siguiente partieron hacía el viejo caserón. “Villa Santa Ana” estaba a las afueras de la ciudad, junto al lago, en un pequeño islote de rocas escarpadas en el que se erguía imponente una casa de piedra que realmente parecía un viejo castillo medieval. El acceso al islote era un estrecho puente de piedra, tan estrecho que el coche había que dejarlo al comienzo del mismo.

Era temprano y hacía un día maravilloso. El agua del lago estaba transparente y calmada, y el sol hacía brillar la superficie donde se reflejaba cual espejo aquella hermosa mansión. Era un lugar idílico, digno de una bonita postal o de un cuadro para tener en el salón de casa. Después de todo no estaría tan mal pasar unos días incluso en aquel lugar, era como ir de vacaciones, y hacía mucho tiempo que no se iban de viaje. Aquel lugar les proporcionaría tranquilidad y paz para olvidar por unos días el ajetreo y el estrés de la vida de la ciudad. En aquel instante Fran había cambiado de idea sobre la inconveniencia de ir a esa casa: Le vendría muy bien para centrarse en la novela que llevaba tantos años escribiendo y que por cualquier razón no avanzaba apenas.

Bajaron del coche y se apoyaron en el capó a contemplar aquel bello paisaje. Fran miró a su esposa y la contempló tan hermosa y radiante de felicidad que no pudo resistirse a darle un sonoro beso en la mejilla, y Alejandra le correspondió cogiendo su cabeza y plantándole un cariñoso beso en los labios.

Bajaron las maletas y las bolsas del coche y comenzaron a cruzar el precioso puente de piedras blancas y rugosas. Fue un paseo muy agradable mientras contemplaban las cristalinas aguas del lago y se acercaban al arco de entrada de la casa. Todas las ventanas estaban cerradas y la fachada estaba considerablemente invadida por el musgo. El suelo estaba cubierto de tal cantidad de hojas secas que daba la impresión de ser una bonita alfombra de tonos marrones. Era como regresar al pasado, como viajar en el tiempo hasta otra época. Se sentían como los aristócratas de hacía un siglo. Alejandra sacó la enorme llave que había sustraído de la casa de su tía y la introdujo en la cerradura. Después de dar tres vueltas a la llave escuchando como el mecanismo iba liberando cierres, se oyó un chasquido final que revelaba que la puerta ya estaba abierta. Fran empujó fuertemente las dos hojas de la puerta y ésta se abrió acompañada de un agudo lamento. Ante sí tenían la entrada y la enorme escalera que subía a la primera planta y que se dividía en dos tramos a ambos lados. Majestuosa. Impresionante. En la planta baja tenían la cocina y el enorme salón de banquetes.

Subieron el equipaje hasta la planta superior, y después de mirar tras todas las puertas, localizaron la habitación principal, la gran habitación principal. Todos los muebles estaban cubiertos por sábanas para protegerlos del polvo. Muebles de época, muy antiguos, artesanales, imponentemente atractivos.

– Mademoiselle, deshaga las maletas mientras yo bajo las bolsas de comida a la cocina – dijo Fran a su mujer de forma muy tierna –

– Claro que sí, Milord…

Alejandra se quedó en la habitación, descubriendo los muebles bajo las sábanas que los cubrían. La cómoda la dejó maravillada, pero no tanto como cuando deslizó la sábana del último mueble que quedaba. Se quedó boquiabierta al ver aquel enorme espejo incrustado en una madera tallada con gran precisión y de formas muy suntuosas. Tenía todo el aspecto de ser muy pesado, era aún más alto que ella y se sostenía con dos soportes de hierro macizo que lo abrazaban por la base. El cristal estaba impoluto y podía ver su reflejo cristalino como si la mujer que tenía en frente fuese su hermana gemela. Era impresionante.

Fran dejó las cosas en la cocina. Se dio cuenta que no había electricidad. No estaría dada, así que tendría que buscar la caja de fusibles para subir el interruptor. Lo más probable es que estuviese junto a la entrada. Salió de la cocina y se quedó petrificado. Se quedó mirando una puerta negra que había bajo el tiro de escalera. La puerta tenía algo tallado en relieve, pero el color de la puerta unido a la sombra que hacía la escalera no dejaba advertir de que se trataba, pero por alguna razón le resultaba familiar, por alguna razón sabía lo que había tallado. Se acercó lentamente y a cada paso que daba iba confirmando sus sospechas. En efecto, el motivo esculpido en la madera era una cruz invertida. Igual que en su sueño…

Giró el pomo pero la puerta no se abría, parecía atascada por algo. Lo intentó varias veces con todas sus fuerzas, pero no consiguió nada. Se dio por vencido y decidió intentarlo más adelante.

Alejandra bajó sonriente y tomó a su marido de la mano y se lo llevó al exterior a pasear por el pequeño islote. El día transcurrió entre risas, paseos, carreras y fotos. La noche cayó cual un manto de oscuridad y volvió sombrío todo el lugar. Ya no apetecía nada quedarse fuera y la pareja entró en la casa. Cenaron románticamente al calor de la hoguera que encendieron en la chimenea del salón y se acurrucaron sobre la alfombra mientras bebían sus copas de vino.

– ¿Te ha dolido? – dijo Alejandra tocando con su mano el vendaje –

– Ya no, y creo que ya me he acostumbrado – sonrió Fran –

– Te va a faltar piel para todas las hojas y flores que te vas a tener que tatuar… porque no pienso dejarte jamás…

– ¿Ves? Por eso no duele, mi amor…

Se fundieron en un apasionado beso. Eran felices después de tantos años y por fin iban a tener a su primera hija, después de haberla buscado tanto.

– Voy a subir a la habitación a quitarme el vendaje y a lavar el tatuaje. Creo que ya puede quedarse al aire libre. – le dijo Fran incorporándose – Ahora vuelvo… No te muevas de aquí…

– No me moveré… – contestó Alejandra acostándose boca abajo y apoyando la barbilla sobre sus manos entrelazadas –

Fran subió rápido las escaleras y entró en el dormitorio. Nada más entrar se fijó en aquel majestuoso espejo. Seguro que su mujer querría uno igual para ellos. Entró en el baño y se quitó el vendaje. Ya estaba casi cicatrizado por completo, así que lo lavó bien y se echó la crema y salió de nuevo. Se detuvo frente al espejo y se giró un poco para poder ver aquel hermoso tatuaje. Una extraña sensación le recorrió el cuerpo. Algo no iba bien. Algo no encajaba. No dejaba de mirar el tatuaje como si algo no estuviera en su sitio, pero por más que miraba no conseguía averiguar por qué tenía esa sensación. Al oír la voz de su esposa llamándolo volvió en sí y se olvidó del tatuaje y del espejo y bajó junto a ella.

Aquella noche apenas pudieron conciliar el sueño. No dejaron de dar vueltas en la cama y se estuvieron intranquilos toda la noche, como si alguien o algo les observara…

El día siguiente fue muy raro, estuvieron cansados y sin ganas de hacer nada, y al caer la noche volvieron a refugiarse en la calidez del salón, la alfombra y la chimenea. Fran no tenía muy buen aspecto y no dejaba de tocarse el hombro.

– ¿Qué te pasa, Milord? – preguntó Alejandra intentando hacer sonreír a su marido –

– No lo sé, es como si el tatuaje me ardiera. Es posible que se haya infectado un poco, pero no es nada, tranquila.

– Mañana nos vamos a casa y vamos al médico, ¿vale?

– Me parece bien, cariño – dijo levantándose – Creo que me voy a ir a la cama, estoy cansado. ¿Te vienes?

– En cuanto acabe el vino y me fume un cigarrito…. – le guiñó un ojo –

Fran salió del salón y comenzó a subir las escaleras, pero tras subir dos escalones se detuvo y volvió atrás, hacia la puerta negra, e intentó abrirla de nuevo. Deseaba saber qué se escondía tras la puerta con la que había soñado todas las noches. Todas salvo la noche anterior… Pero no hubo forma de abrirla y acabó dándose por vencido y se fue a la cama. El sueño le venció enseguida…

Alejandra terminó su copa de vino y se incorporó pesadamente. Estaba bastante cansada y las ganas de meterse en cama iban en aumento. Salió del salón y comenzó a subir las escaleras, hasta que a mitad de camino oyó un ruido abajo, un ruido que se asemejaba a una puerta al abrirse. Se giró y bajó de nuevo. Miró bajo las escaleras y vio aquella puerta negra abierta unos centímetros. Se acercó y la abrió lentamente. No se veía absolutamente nada. La oscuridad era dueña de todo y no encontró ningún interruptor cerca. Optó por sacar su mechero y usarlo como candil. Unas escaleras bajaban hasta las profundidades, y sin dudarlo comenzó a descender aquellos escalones, hasta perderse en la oscuridad…

Fran se despertó con los primeros rayos de sol y giró la cabeza. Su esposa no estaba. No era de madrugar demasiado, ¿dónde estaría? Desperezándose bajó las escaleras y miró en la cocina. No estaba allí. Camino al salón se detuvo en la puerta negra de nuevo. Volvió a intentar abrirla, y nuevamente le resultó imposible. Oyó un ruido arriba. ¿Alejandra? Debía estar en el baño y ni se había dado cuenta. Le dolía la cabeza. Pero el ruido no provenía del baño, sino de la habitación. Se acercó lentamente al espejo. Algo no iba bien. Tenía una sensación extraña. El espejo estaba cristalino y reflejaba su imagen como si fuese una copia perfecta de él mismo. El tatuaje le escocía. Se giró para mirarlo de nuevo. El miedo invadió su rostro. Y observó aterrorizado como al tatuaje le faltaban todas las hojas…

††† THE END †††

  7 comments for “El Escritor de Guardia: La Puerta Negra

  1. 23 marzo, 2014 at 10:21 pm

    Uhhhhhhhhh qué tenebroso T_T tienes un arte para escribir estas cosas de miedo… ¡qué digo! Tienes arte para escribir sobre cualquier tema
    Me ha gustado mucho 😛

  2. Diana
    24 marzo, 2014 at 2:47 am

    Que suspensoo!!! Me ha encantado la historia Fran, siempre sabes como dejarnos picados^^

    Besos!!

  3. 24 marzo, 2014 at 8:14 pm

    Gracias…!!! 😉

  4. Pili
    26 marzo, 2014 at 10:47 am

    ¡Genial! es una pasada… cuando leo tus historias intento leer muy rápida, muy rápida, eso si saboreando todos los detalles, impaciente de conocer el espectacular final y saciar la curiosidad de la intriga que creas des de las primeras palabras. Me ha encantado el significado y diseño del tatuaje y como lo has enlazado. ¡¡¡Que artistaaaa eres!!!

  5. Paula Chacón
    24 abril, 2014 at 4:55 pm

    Jijijiji, sabes lo que viene ahora, no?
    ME ENCANTA!

  6. rivezen
    30 abril, 2014 at 8:09 pm

    Felicidades muy buena narración.

  7. rivezen
    10 mayo, 2014 at 7:36 pm

    Esperemos las próximas solpresas

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