El Escritor de Guardia: Reencuentro

eedgHola lectores!

Primero, pido disculpas por no haber colgado ayer la historia! I’m Sorry! y ahora aquí tenemos la historia de nuestro escritor de guardia!! Que la disfrutéis!!

Os recuerdo que el tema era Reencuentros

Reencuentro 

ÉL

            Nunca imaginé que hacer una mudanza tendría tanta dificultad. Desde que abandoné la casa de mis padres no había vuelto a cambiar de residencia ni una sola vez, y en aquella mudanza, digamos, mis padres se encargaron de prácticamente todo el trabajo duro. Cualquiera hubiera pensado que estaban deseando que me largase de casa… Yo únicamente tuve que mover mi culo de un sofá a otro.

Y entonces, después de siete años de cómoda tranquilidad, tuve que levantar el vuelo de nuevo, y esta vez no pude contar con la ayuda de mis padres.

            Os juro que si llego a saber todo el trabajo que acarreaba una mudanza, no hubiera aceptado la oferta de empleo. Bueno, no es cierto, sí que la habría aceptado sin dudar. Por fin lo había conseguido, después de mucho luchar, al final tendría un puesto en la mejor galería de arte de Nueva York.

            Ese pensamiento era el que me hacía serenarme cada vez que miraba la gran cantidad de cajas vacías que tenía apiladas en el salón, a la espera de ser llenadas con ciento y una cosa que tenía en el apartamento. Intenté ser organizado y seguir un patrón definido para conservar un cierto orden que me ayudase a la hora de instalarme en mi nuevo hogar.

            Comencé por guardar los cuadros y mis trabajos. Era lo más importante, y debía hacerlo con sumo cuidado. No me habría gustado estropear nada. No es porque lo diga yo, pero soy un excelente pintor, un magnífico artista, y por fin mi trabajo comenzaba a ser valorado como se merecía. A lo largo de mi corta vida he tenido que renunciar a toda clase de cosas para centrarme en mi trabajo, en mi arte. Todavía recuerdo aquella noche en Madrid, en la gran sala de exposiciones. Me costó un mundo hacerme un hueco, la de favores que tuve que pedir, y al final resultó ser el destino. Sí, seguro. Fue el destino el que llevó allí a Madame Segré, la más grande entre los grandes entendidos en arte de este universo. Y fue el destino el que hizo que se enamorara de mi trabajo, el que obró para que me escogiese a mí de entre todos, y el que me hizo el hombre más feliz de este mundo…

            Por cierto, me llamo Max… Encantado de contaros mi historia…

ELLA 

            Nueva York… ¡Allá voy! ¡Yuhuu! El cielo se había puesto de mi parte al fin. Ya era hora de que pasara algo bueno en mi vida. Tanto pesimismo como tenía al final se tornó en suerte, o mejor dicho, en recompensa. Tres años seguidos siendo la mejor periodista de toda la revista al final tuvo sus frutos. Trabajaré hasta que me muera en Vanity Fair, seré la mejor una y mil veces hasta que me haga tan inmensamente rica como Rowling y pueda irme a darle vueltas al mundo….

            Es muy hermoso soñar despierta, pero me marcho a Nueva York para perseguir mi sueño, que aunque no sea precisamente ese, se le parece bastante.

            Me ha bastado una tarde para empaquetar todas mis cosas. Todo ordenadito, cada cosa donde debe. Únicamente me ha quedado una cosa por guardar, o más bien vaya a la basura con las cosas inservibles. No sabía que guardaba una caja de zapatos encima del armario, y es que era complicado verla por la gran cantidad de mantas y edredones que la cubrían. Mayor fue la sorpresa al descubrir que no eran unos preciosos zapatos de época de la marca Loubutin – me encanta soñar chorradas de éstas, os aviso -. No, en su interior había un viejo móvil. Mi viejo móvil, el primero que tuve. ¡Qué recuerdos! Si tenía hasta teclas y todo…

Intenté encenderlo, pero como es natural no lo conseguí. No sé por qué razón imaginé que después de siete años al darle al botoncito rojo se iluminaría sin más… Pero no. Lo siguiente que hice fue volver a mirar en la caja por si estaba el cargador, pero como no estaba, la elección fue sencilla: a la basura. Como no estaba muy lejos de la papelera, probé a recordar mis dotes de jugadora de básquet en el instituto, me preparé, apunté, hice dos amagos, un dribling, y ¡lancé a canasta…!

Y fallé… tanto que el móvil quedó hecho añicos y con varias partes diseminadas por todo el suelo. Una masacre. Tuve que agacharme para recoger los trocitos del desdichado, y entonces descubrí que tenía una tarjeta de memoria. Y decidí guardarla para ver lo que tenía, si es que aún conservaba algo. Por la mañana cogería el portátil y cotillearía un poquito antes de partir hacia el aeropuerto.

            Bueno, que no me he presentado… Me llamo Sary, y es un placer que me leáis…

ÉL 

            ¡Dios! Dos días enteros  me llevó terminar con las dichosas cajas. ¿Pero cómo podía haber tantas cosas en un apartamento tan pequeño? Lo último que dejé para empaquetar fue el armario que hacía de trastero. Era muy probable que llevase cerrado desde el día que me mudé, y no tardé en comprobarlo. Abrí muy despacio la puerta. Me di cuenta de que mi teoría de estudiante no había funcionado. ¿Qué qué teoría? Pues aquella que dice que si no abres nunca un armario, tampoco podría entrar la suciedad en su interior. Esa teoría se fue al traste en el mismo momento en que abrí y el olor a cerrado me abofeteó en todo mi olfato, y las motas de polvo comenzaron a volar en pos de su libertad haciendo que no pudiera dejar de estornudar en buen rato.

Después de pasar aquel mal rato, me alegré al comprobar que todo lo que había allí dentro estaba guardado en cajas. ¡Bien! Un trabajo menos. Tan sólo tuve que quitar el dedo de polvo que las cubría y listo. Abrí un par de ellas para ver qué contenían, y mi sorpresa fue mayúscula al ver que se trataba de apuntes de la facultad. ¿Para qué diablos necesitaba yo eso? Para nada, así que decidí bajar las cajas directamente a la basura. Tuve la genial idea de llevarlas todas de una vez, apiladas una sobre otra. Total, no pesaban mucho y eran cinco nada más. Hasta ahí todo bien, pero no conté con el factor equilibrio y no llegué ni a la puerta del apartamento. Por suerte sólo cayó la de arriba, desparramando los apuntes por el suelo. Decidí bajar las cajas que llevaba y después volvería para recoger aquel estropicio.

Cogí todos aquellos apuntes en un solo montón, y entonces cayó una foto al suelo. La foto de una chica a la que hacía más de siete años que no veía.

Los recuerdos me invadieron. Estuve loco por aquella chica, perdidamente enamorado de ella, y fui tan cobarde que la dejé marchar sin decirle nada. ¿Qué habrá sido de ella? ¿Seguirá en Málaga? ¿Tendrá pareja? ¿Pero por qué pienso ahora en estas cosas? Seré tonto…

Guardé la foto en el bolsillo de mi cazadora y cerré la maleta. Todo estaba listo. La maleta y las catorce cajas estaban listas para que se las llevara la empresa de mudanza. Con suerte llegaríamos al mismo tiempo a mi nueva morada: un precioso loft en pleno Manhattan, cortesía de Madame Segré.

ELLA

            Me levanté temprano para comprobar que todo estaba listo para cuando la empresa de mudanzas llegase a por mis cosas. Tras bajar a por el desayuno – no pude evitar subirme un café con leche y unos donuts americanos rellenos de chocolate – encendí el ordenador y metí la pequeña tarjeta de memoria que encontré la noche anterior. Para mi sorpresa únicamente pude rescatar una fotografía en buen estado, y encima no era una foto de nadie, tan sólo había fotografiado un trozo de papel con un número escrito, un número de teléfono y un nombre…

            ¡Vaya! ¡Cuánto tiempo! ¿Qué habrá sido del tímido morenazo de ojos azules?

Qué tiempos aquellos. Tanto tiempo que pasamos en frente el uno del otro y jamás fue capaz de decirme ni pio. Y apostaría mi armario a que yo le gustaba a ese chico, pero tímido él y tímida yo, los dos como pasmarotes. ¿Se lo habrá ligado alguna? Seguramente sí, era un chaval tan mono…

            Cerré el portátil y lo guardé en el maletín. Todo estaba listo. Los de la mudanza habían llegado, así que en cuanto cargaron todo cogí mi maletín, metí a Ovillo en su jaula para viajes y el taxi me llevó al aeropuerto. Catorce horas de vuelo separaban mi insulso presente y mi prometedor futuro. Cogí mi móvil para ver de nuevo las fotos del precioso loft que la revista me había proporcionado para que me instalase. Estaba súper ilusionada, iba a cumplir uno de mis sueños desde que era pequeña: Vivir en Manhattan y salir a pasear todos los días por Central Park.

¡Ey! Otra vez la foto del número… Ovillo… ¿Tú qué harías? ¿Llamarías a ese número para ver qué ha sido de su vida? Me empeñaba en preguntarle de todo, a pesar de que siempre me contestaba con un escueto miau…

Bueno, ¡pero qué maleducada soy! No os he presentado a la mascota de mis amores, a mi gatito. Se llama Ovillo y siempre está a mi lado en los buenos y en los malos momentos. Y por eso se viene a Nueva York conmigo, porque somos inseparables.

ÉL

            Me encanta Manhattan… Siempre soñé con vivir en este lugar. He de confesar que no tenía ni idea de lo que era un loft, pero la verdad es que me gusta, es demasiado moderno para mi gusto, pero me acostumbraré, después de todo voy a vivir a todo trapo de aquí en adelante. Voy a deshacer la maleta y a vaciar alguna de las cajas, estoy deseando salir a pasear por Central Park y aprovechar el día tan bueno que hace. Al colgar la cazadora he vuelto a encontrar la foto de aquella chica. ¿Seguirá siendo tan guapa? Seguramente sí, las chicas no cambian tanto con el paso del tiempo, las chicas del instituto que he visto hace poco siguen exactamente igual, mientras a nosotros nos ha pasado de todo, a algunos más que a otros, hay quien es hasta difícil de reconocer… – No puedo evitar reírme – Dejo la foto en el cajón de la mesita y me dispongo a salir. Me aseguro de coger las llaves, la cartera y el móvil. Al abrir la puerta para salir me encuentro con la vecina de enfrente. Lleva varias bolsas de papel cogidas en brazos, de esas tan típicas en estados unidos, mientras con la otra mano intenta abrir la puerta. Su pelo es largo, de un color caoba muy llamativo, y tiene un cuerpo bastante atractivo, mayormente acentuado por esa bonita falda de color beige… Como soy un caballero, pregunto:

– Hi, Can I help you?

La chica no se gira siquiera, en ese mismo instante acierta con la cerradura y la puerta se abre.

– Not necessary, I can myself, thanks… – Me contesta con una voz muy dulce y con un acento bastante peculiar. Me gusta su voz, es muy sugerente. Le contesto mientras comienzo a bajar las escaleras:

– Well, see you soon!!

– Bye! – me vuelve a decir con esa voz tan melosa. Me acabo de enamorar de esa voz.

            Hace un día excepcional, el sol resplandece, la temperatura es genial y Central Park está lleno de gente haciendo running, paseando, con los niños, jugando. No puedo evitar poner los brazos en cruz y gritar: ¡Sí! ¡Aquí estoy! Dirijo mi paseo hasta un pequeño quiosco de madera que parece tener de todo. Voy a comprar la prensa del día, quiero integrarme en la vida de la ciudad cuanto antes. Compro el New York Time  y un par de globos con los colores rojo y amarillo. Abro allí mismo el periódico, estoy acostumbrado a leer de pie la prensa, supongo que es una costumbre adquirida del metro. Al poco oigo una voz cerca de mí que me resulta familiar.

– How much is this bouquet?

Bajo un poco las hojas del periódico y miro disimuladamente, pero un enorme ramo de flores oculta el rostro de aquella mujer. Sólo cuando se gira y echa a andar reconozco la falda y el andar tan sexy de mi nueva vecina. No puedo evitar sonreír. Ya la conoceré más adelante, lo primero es preparar todo para mañana, para el gran día, para mi gran día.

Tras el paseo vuelvo a mi loft, me doy una buena ducha y me dispongo a meterme en la cama, mañana hay que ponerse en pie muy temprano. Mi nueva vida está a horas de comenzar…

ELLA 

            Ahora que estoy aquí ni me acuerdo del suplicio de pasar tantas horas en el avión. ¡No me puedo creer que esté en Manhattan! Y el loft es precioso, me encanta, es incluso más moderno que mi casa de Málaga, y la decoración minimalista es sencillamente genial. Me ha llevado un buen rato, pero ya está todo desempacado, todo colocado en su sitio, y yo aquí, sentada en la cama mirando por la ventana. Puedo ver casi todo Central Park desde mi habitación. Es inmenso, es maravilloso. Empiezo notar el gusanillo de nuevo, tengo algo de hambre. No me lo pienso dos veces, cojo mi bolso y bajo hasta la calle, cuando he llegado he visto una pequeña tienda de ultramarinos muy cerca del bloque de lofts. Compro zumos, batidos, masa para tortitas, algo de bacon y huevos, unos donuts, una botella de agua, y un par de cosas más, tanto que lleno a rebosar dos bolsas de papel – tan típicas de los yanquis, por cierto – y vuelvo al loft. Sostengo las bolsas con un brazo como buenamente puedo mientras intento abrir la puerta con la otra mano. En ese momento escucho como abren la puerta  del apartamento de enfrente. ¡Cachis! ¡Ya casi había entrado la llave! Alguien me habla por la espalda. Es la voz de un hombre joven, una voz muy masculina pero tierna.

– Hi, Can I help you?

Vaya… Tenemos todo un caballero como vecino. Con un acento algo raro, eso sí. La llave por fin entra y la puerta se abre. No puedo girarme para saludar o se me caerán las bolsas, así que simplemente le contesto amablemente:

– Not necessary, I can myself, thanks…

El vecino entiende a la primera y escucho un – Well, see you soon!! Mientras comienza a bajar por las escaleras. Deportista también… pienso, y suelto un – Bye! con una vocecita más propia de una jovencita que coquetea…

Coloco la compra y entonces pienso que es buen momento para bajar a Central Park a pasear un rato antes de volver y ponerse a descansar. No me voy ni a cambiar, además, me encanta esta falda. Hace una tarde estupenda para estar fuera, el tiempo es celestial y la luz lo domina todo. Veo un puesto de madera muy coqueto con unos preciosos ramos de flores. Me acerco al puesto, hay un par de chicos comprando chucherías y un señor de pie leyendo un periódico. Escojo un ramo de violetas y amapolas y le pregunto al tendero:

– How much is this bouquet? – Pregunto –

El tendero me indica con la mano abierta que son cinco dólares. Cuando estoy pagando siento la mirada del señor del periódico, pero no puedo verlo porque las flores lo ocultan a mi vista. Bueno, qué más da, tiene derecho a mirar a alguien tan guapa como yo. Me marcho a casa, pongo las flores en un pequeño jarrón improvisado con un vaso alto y después de ducharme me meto en la cama. Mañana será mi gran día.

ÉL 

            Me va a costar un poco acostumbrarme a madrugar tanto. Abro el cajón de la mesita buscando mi reloj y vuelvo a ver esa foto. Juraría que esta noche he soñado con esta chica. ¿Por qué no puedo quitármela de la cabeza? Espabila, Max, hay que marcharse ya. Cojo los globos y escribo una pequeña nota. Bajo rápidamente las escaleras, casi de tres en tres escalones y al llegar al portal busco el buzón del 4º B. Anudo los globos y dejo la nota. ¡A trabajar!

ELLA 

            Suena el despertador del móvil. Me pongo a dar manotazos a diestro y siniestro. Me siento desorientada todavía en mi nueva cama. No sé cuantas veces le habré dado al móvil, pero el caso es que cuando lo he mirado, la imagen que aparecía en pantalla era la de la foto de la nota. Creo que he soñado con él esta noche. Estás perdiendo la cabeza, Sary. Hora de irse a la oficina. Antes de marcharme, tengo que hacer algo. Cojo las flores, escribo una nota y las dejo en la puerta del vecino. ¡Let’s go!

LA NOTA

Hello..!! I’m your new neighbor… I’m from Spain…

[emoji heavy black heart][emoji heavy black heart]

 

THE END

  10 comments for “El Escritor de Guardia: Reencuentro

  1. Pili
    9 febrero, 2014 at 12:58 pm

    Pues que voy a decir, a mi me ha encantado y enamorado!! Quiero más jajajaja..¿que pasa luego? ¿como es el primer cara a cara?

  2. Paula Chacón
    9 febrero, 2014 at 1:28 pm

    RELATAZO ! <3 Me encanta !!!!!!!!

  3. Meri86
    9 febrero, 2014 at 2:08 pm

    Como era de esperar, me a encantado! Pero que pasa luego?! Yo quiero saber el momento en que se ven por primera vez! jejejeje Nos has dejado con la intriga!

  4. 9 febrero, 2014 at 2:31 pm

    Que preciosidad, ¡me encanta! Y esos detallazos sin llegar a conocerse, eso sí que son formas de conquistar. Y el punto donde lo dejas es PERFECTO, sencillamente. Ahora todos nos tiramos de los pelos para saber qué va a pasar y tú, tan a gusto, sin contárnoslo jaja.
    Besos!

    • 9 febrero, 2014 at 3:23 pm

      Je, je, tan sólo proponed como tema siguiente la continuación… :p
      Me alegra que te guste…

  5. 9 febrero, 2014 at 3:24 pm

    Gracias…!!! ♥♡♥

  6. rivezen
    9 febrero, 2014 at 4:57 pm

    Muy ameno fácil de leer y un poco complicada como la vida misma, siempre será interesante la continuidad, algunos tendrán sus propias espectativas.

  7. Sara I. R.
    9 febrero, 2014 at 8:11 pm

    Me ha encantado, pero… ¿¿Qué pasa después?? Nos has dejado con la intriga!!! Espero que continúes la historia 😉
    Saludos!!

  8. Diana
    10 febrero, 2014 at 12:02 am

    Me ha encantado!!!!! no puedo esperar para saber que pasa después me has dejado con la intriga ^^
    Besos!!

  9. Saki
    11 febrero, 2014 at 12:33 am

    Noooooooo
    ¿¡Cómo va a terminar así?

    Quiero la continuación!!! >_<

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