Historias de fin de semana

10a2013 

Estaba allí, tendida en el suelo. Muerta. Había sangre por doquier. No podía creer que unas horas antes estaba haciendo el amor con ella. ¿Como había llegado a esa situación? ¿Realmente la había matado él? ¿Y, si era así, porque no se acordaba de nada? Corrió hacia la otra habitación, cogió el teléfono y se dispuso a llamar a la policía para denunciar su terrible asesinato. De pronto, una sombra emergió de la nada y sintió un fuerte golpe en la cabeza.

Dos asesinatos en una misma noche. No era algo que tuviese previsto, pero a veces las circunstancias las va marcando el destino. Si él no hubiese vuelto al apartamento, no estaría ahora mismo tumbado en el suelo con el cráneo reventado.

Tenía que contener los nervios a pesar de desviarme del plan previsto. Aún debía buscar lo único que podía relacionarme con ella. No tenía tiempo. Debía ser rápido. Empecé a ir por todas y cada una de las habitaciones buscándola. Cuando ya había perdido toda esperanza miré hacia la entrada y colgado de un soporte metálico, allí estaba su bolso. Rápidamente descargué su contenido por el suelo. Entre un numerosos objetos, se encontraba su billetera y al abrirla respiré con tranquilidad. Por fin tenía la maldita tarjeta de visita de mi consulta entre sus manos.

“Fue una enorme suerte que recordara que al salir de la consulta había cogido una tarjeta del mostrador de la entrada, se había girado hacia mí y sonriendo me dijera «Así seguro que no te escapas de mí…»

Pobre. No sabía lo que le esperaba. No sabía que acababa de convertirse en la elegida.

En apenas un par de minutos ya había hecho méritos suficientes para ser la siguiente, y eso sin contar la sorpresa que me esperaba cuando me colé a esperarla en su casa.

Cuando el ruido de un coche se acercaba y los potentes faros iluminaron la puerta de entrada, entonces vi que no venía sola  y tal como me dijo, su marido estaba, como de costumbre, de viaje de negocios. No había dudas: se merecía lo que le iba a pasar.

Únicamente hubo que esperar más de lo planificado. Lo de su joven amante si que me cogió por sorpresa.

Solucionado el problema de la tarjeta, ahora tenía que deshacerme del cadáver del chico. Si lo dejase ahí rompería mi orden. No pinta nada un hombre muerto en la obra de un asesino en serie de mujeres.

Volví al coche y abrí el maletero. Cogí el rollo de embalar y volví a la casa. No fue difícil empaquetar al muchacho, no tanto como llevarlo en peso hasta el maletero.

El puente sobre el río me cogía de paso. Tampoco fue difícil.Hora de regresar a casa. Mañana hay que madrugar. Volvió a pensar en aquella mujer…

Quería el divorcio, dijo. Ja…!! “

Fin
Participantes

Irene de Mi rincón de los libros (tarjeta de visita)

EveyMorgan de Capítulo 26 (maletero)

Fran Cazorla de El Reloj

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