Historias de Fin de Semana

20j2013

Historias de Fin de Semana

– Corre! Corre! – Grito Eineth mientras se alejaba de ella – Ven conmigo!

Juliete se levantó con furia del suelo  y empezó a correr detrás de él. Seguir por aquel camino ya no era seguro, tenían que encontrar algún lugar dónde no pudiera encontrarles la bestia.  Corrieron campo a través, se dirigían al bosque Munthrow. Hacía mucho tiempo que nadie, en su sano juicio, se adentraba en ese bosque maldito, pero a Eineth le pareció buena idea; en la aldea siempre había escuchado que la bestia no podía entrar allí,  aunque tampoco imaginaba que los peligros que les acecharían en el interior de ese bosque eran mucho peores que huir de Hanfur, la bestia.
La oscuridad de la noche hacía que el bosque fuera más peligroso. Einteh agarraba a Juliete de la meno para que no cayera. Ella estaba muy cansada. Llevaban unas cuentas horas andando. Los ruidos que se escuchaban cada cierto tiempo asustaban a Juliete e inquietaban a Eineth.
¿Podemos parar a descansar? –imploró Juliete- Estoy cansada de andar y tengo sueño.
-No, es muy peligroso dormir a merced del bosque. –Eineth siguió tirando de la mano de su hermana pequeña.
Ya no sabían donde se encontraban. Perdieron el rumbo en cuanto el sol desapareció.

-¡He visto una casa! –gritó Juliete y tirando de la mano de su hermano.

Y era de verdad. Juliete había visto una pequeña cabaña abandonada. Eineth decidió pasar allí la noche hasta que amaneciera.

Dentro de la cabaña no había nada, ni muebles, ni rastro de nadie viviendo allí. En una pequeña habitación, que estaba al fondo de la cabaña, se encontraba una pequeña radio. Se acercaron a verla y ver si funcionaba pero antes de llegar a tocarla, esta se encendió sola.

Unos ruidos incoherentes empezaron a salir de la radio. Los dos chicos se acercaron para intentar entender qué es lo que decía, pero al hacerlo sus ojos se abrieron mostrando su miedo. Lo que se escuchaba no eran personas hablando como ellos se esperaban, si no los gritos ahogados de una persona. Juliete gimió y alejándose de la radio, puso sus manos en los oídos para intentar bloquear aquel espantoso sonido.

-¡APÁGALO, EINETH! –gritó la chica.

Su hermano volvió la mirada a la radio y empezó a tocar todos los botones posibles pero aquel aparato seguía produciendo aquel grito terrorífico. Desesperado, buscó el enchufe al que estaba conectada, pero su asombro creció al darse cuenta de que ni siquiera estaba conectada.

-Juliete, tenemos que irnos.

El chico agarró a su hermana, arrastrándola hasta la puerta por la que habían entrado, pero cuando fueron a abrirla, estaba cerrada. Fue a coger a Juliete para buscar otras salidas cuando vio que su hermana se había alejado de él y estaba mirando, muy concentrada, una mariposa de colores brillantes y llamativos. El chico también se la quedó mirando y, de repente, la mariposa expulsó un extraño gas que se introdujo en el cuerpo de los chicos, provocando que cayesen al suelo, desmayados.

Juliete se despertó en una habitación, parecida a la de un hotel. Eineth estaba dormido a su lado. Al menos, el ruido infernal de aquella radio no estaba allí con ellos. Juliete se levantó de la cama en la que estaban y recorrió la habitación. La pintura de las paredes estaba descascarillada, obviamente. No había ventanas, ni escuchaba ningún sonido que le indicara dónde podrían estar. Juliete despertó a Eineth zarandeándole por un hombro.

-¿Qué? ¿Qué?-preguntó adormilado.

-Eineth, ¿dónde estamos?-preguntó ella.

Eineth se incorporó y buscó por toda la habitación algo que les indicara dónde se encontraban. Se acercó a la puerta, escuchando tras de ella.

-No pueden encontrar el libro. Como lo encuentren, estamos perdidos.

-Venga ya, Dawson. Son unos críos-interrumpió una voz femenina.

-Pero…el libro…-seguía Dawson.

-Cállate. Nos pueden oír. Dudo que sepan nada sobre él. Si sus padres no les dijeron nada, yo tampoco. Vigílales, Dawson. No quiero que se escapen. Son nuestra moneda de cambio.

-Si lo encuentran, será tu culpa -espetó Dawson, y sus pasos resonaron en la habitación.
Alguien resopló y gruñó enfadado.

-Eineth, ¿qué esta…?

-Shhhh – susurró él, poniendo su dedo índice sobre sus labios- no puedes hablar, ¿de acuerdo Juliete?

Unos pasos se acercaban hacia su puerta. Eineth lució alarmado, y retrocedió en el suelo a gatas. Cogió a su hermana por el brazo y la arrastró hasta el fondo de la habitación. Algo golpeó la puerta, y como instinto de protección, Eineth se abalanzó sobre Juliete, arrinconándola en el suelo.
Se mantuvieron en silencio, hasta que la voz volvió a hablar:

-Seguirán dormidos –refunfuño. Ahora su voz sonó más lejana:- ¡Dawson! Te dije que vigilaras a los chicos. ¡Dame ese aparto con ese cable infernal!

-Roald, este aparato se llama reproductor de música. Sirve para escuchar música, y ese cable infernal son los auriculares.

-¡A vigilar he dicho! Si esos niños despiertan, me llamarás. ¿Entendido?

No respondió.

-¿Entendido? –gritó más fuerte.

-Sí, lo que tú digas.

Se volvieron a oír pasos en la habitación, y luego un fuerte portazo.

-Cretino –espetó Dawson.

Eineth permaneció en esa posición hasta que estuvo seguro de que el ruido no tenía que ver con ellos. Tras conseguir que Juliete se quedará quita y callada dio unas vueltas por aquella habitación intentando encontrar algo que les ayudara a escapar.

Estaba a punto de mover una cama cuando oyó voces lejanas fuera de la habitación.

-¿Cuanto tiempo los vamos a dejar ahí? Digo yo que en algún momento tendrán que comer y esas cosas- Por la voz el hombre que había hablado era el tal Dawson.

-Ya lo había pensado, dentro de diez minutos mandaré a Susan para que hable con ellos y así estaremos seguros de que no nos ocultan información. Además de todas formas mañana estarán muertos- Esta vez era el tal Roald quien había hablado, pero a Eineth no se le habían olvidado las ultimas palabras que habían dicho y en cuanto las voces se alejaron movió la cama y encontró una trampilla. Cogió a Juliete de la mano y cuando estaban a punto de entrar la puerta se abrió de golpe.

Rápido Susan ponles las esposas y que no se muevan de allí-Dijo un hombre gordo que debía de ser Roald.

Susan los esposó a ambos a las patas de la cama y les dijo que se quedasen quietos y calladitos, justo después salió por la puerta y Eineth escuchó como giraba la llave en la cerradura.

– ¿Qué vamos a hacer para salir de aquí? Eineth tengo miedo – Juliete le susurró a su hermando a la vez que se acercó más a él.

– No lo sé, pero si nos esposaron cuando íbamos a abrir la trampilla es que ahí hay algo, tenemos que abrirla – Eineth contestó a su hermana y se giró hacia la trampilla.

Esta tenía una pequeña asa por la que tirar para abrirla y Eineth intentó meter el pie por ahí para tirar. Las esposas le hacían daño en las muñecas pero no había manera de quitárselas.

– Para Eineth, viene alguién – Juliete golpeó ligeramente a su hermano en el hombro para que parase.

Justo cuando Eineth volvió a la posición en la que se había quedado cuando Susan los esposó entró por la puerta el hombre gordo, Roald; Susan venía detrás de él. La mujer se acercó a los chicos y les cubrió la cara con una bolsa, después les quito las esposas y Roald les indicó que se levantaran. Ambos adultos los condujeron hasta lo que supusieron que era un coche por el sonido del motor, los subieron y el vehículo arrancó para llevarlos a algún lugar lo suficientemente importante para que no supieran como llegar

Llevan a Eineth y Juliete a un claro oculto en el bosque. Les sientan en unas sillas muy viejas enfrente en una pantalla.
Les quitan las bolsas de la cabeza y cuando logran ver la pantalla, comienzan a salir imágenes. Unas horribles imágenes. Juliete agarra la mano de su hermano. Se miran mutuamente y vuelven su mirada a la pantalla. Ven imágenes de una manda de lobos atacando a un pobre muchacho. Luego otras imágenes muestran al mismo muchacho transformándose en un lobo y sale de caza. Ataca a vacas, ovejas… Todo tipo de animales. Pero no se sacia hasta que no ataca a una joven hermosa. Juliete suelta un grito y se abraza a su hermano Eineth. El chico observa a las personas que los han atrapado.

-Podemos irnos, están distraídos. -Susurra Eineth al oído de se hermana.
Se levantan con sumo cuidado, y corren por el bosque. Corren durante varios kilómetros, y encuetran la casa en la que les atraparon.

-¡Vámonos de aquí! -Dice Juliete nerviosa.

-No. Vamos ha mirar esa trampilla.

Agarra a su hermana del brazo y entran en la casa. Buscan la habitación y finalmente la encuentran al cabo de cinco minutos. Mueven la cama y la colocan en la puerta para que nadie entre. Eineth coloca su oreja en la trampilla, de ella salen unos ruidos un tanto raros.

-Eineth… Tengo miedo. -Dice Juliete.
-Tranquila. Vamos a estar bien. -Responde su hermano.
Agarra la manilla que tiene la trampilla y la levanta. Hay una especie de habitación, suenan unas cadenas y se ve al chico de  las imágenes.

-¡Por favor ayudarme! -Chilla el chico.
Eineth le extiende su mano, y el desconocido la agarra y le suben a su misma habitación. Entonces al chico le comienzan a dar espasmos, y rápidamente Eineth y Juliete apartan la cama de la puerta, y esta se abre de golpe. Aparecen todas esas personas, y están dispuestos a luchar. Pero suenan las cadenas que caen al suelo, los muchachos se dan la vuelta con mucho miedo, y ese hombre lobo se avalanza sobre los perseguidores, arrancándoles las vida y desfigurándolos. El hombre lobo se gira y les mira con frialdad, ahora va a por ellos. Se apresura a ir primeramente a por Eineth que lucha un poco, y da un poco de tiempo a su hermana para huir. Cuando la muchacha sale de la cabaña suenan los gritos de su hermano torturado por esa bestia. Finalmente los gritos se paran y con ese silencio, se va un alma joven, valiente e inocente. Ahora es el turno de Juliete, que se le va la vida cuando la bestia la parte el cuello.

Participantes

Irene – Mi rincón de los libros (radio)

Patri – Las 5 piedras de Afrodita (mariposa)

Beatrice – Tu mirada me hace grande (libro)

Annie-Azucarillos y Dientes de León (auriculares)

 Tris Fairchild- Nephilim Osada (esposas)

La chica de la sonrisa verde (bolsa)

Elena Darson – Desperate Knife (pantalla)

Gabriela y Esti – La vida de Clove

 

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